EL EFECTO DOPPLER
Cansado. Abatido. Dormido.
Sueño con un chalet, en California, que tiene una piscina de almendra y caramelo llena de espuma del mar y pétalos de rosa. El sol brilla en lo alto y calienta tu piel, seca tus labios, te besa con descaro. Mucho me temo que terminará siendo tu amante.
Las abejas zumban sobre la lavanda y, por el ramaje, las urracas sestean en las franjas de sombra junto a su botín de la tarde.
Llegan de cualquier lado las notas de suspiro de un violín. Me vuelvo. El músico está, justo, a mi izquierda. Les dirige una sonrisa de granuja a las señoras de la mesa. Mi acompañante me pide que le sirva más champán. Es -sus cabellos casi tan negros como el azabache- morena y no sé como la he conocido. Entre sonrisas, me aconseja que no me fíe del viento.
Le lleno la copa hasta el borde y brindamos, los dos, por nuestra dicha.
El hombre del violín se nos acerca y me doy cuenta de que es mi padre. Mi padre, ¡qué quiere echarme la bronca!.
Antes de que nos hable me he subido a un Ferrari rojo, descapotable, muy bonito, y desciendo con él por una escarpadura, con curvas imposibles, que engarza el mar con los pinares. El viento sacude mi pelo. Lo siento soplar en fallas y espirales que arrastran desde el suelo pedazos de hojas secas abandonadas. Me acuerdo de ella, de su consejo, y freno en la cuneta de una breve recta junto a un terraplén, desde cuyos bordes se ve descender entre los árboles a la carretera que me arrastra, hasta casi tocar el océano.
Cierro los ojos en la quimera de intentar apoderarme para siempre del contraste de azules que tienen delante y, al abrirlos, veo frente a mi dos cuadros de tabernas y hombres que pintó hace más de cuatro siglos un librero de Lieja. Los rostros chisporrotean, los mofletes vibran, ¡triunfa la lujuria!. Celebran su apareamiento con una beldad trigueña que es amarga y dulce, acerba y seca, sutil y franca; que jamás desengaña a sus cortejadores.
Despierto con la boca pastosa. Con la cabeza pesada. Me apena haber perdido con los años la virtud de soñar. Van a hacer cinco desde que se murió mi padre. Cojo un papel y un bolígrafo y escribo: “papá”. Lo siento mirándome desde alguna parte. Escribo. Escribo una frase que no sé si es mía: “por encima del rey están los ases”.
..............................................................................
PARA LEER: Un Hombre (JOSE Mª GIRONELLA)
PARA ESCUCHAR: The Lullabies (THE LULLABIES)
13 comentarios
me gustó mucho. ¿por qué efecto doppler, querido?
Ya te lo explicará Lansky. Confío.
Dejaré para más tarde el doppler, pero, de momento, en California no hay urracas. Tal vez arrendajos. Soy con estas cosas tan prosáico -a la par que intolerante- como Vb con la ortografía, me toca la fibra más íntima; como cuando leí en una (mala) novela de Savater, hace siglos, que las encinas enrojecían en otoño. Y un güevo
conozco muy bien el efecto doppler, lansky. pero no comprendo su conexión con este post. lo digo por si decides explicarme, te ahorres la física ondulatoria.
tengo el día pelín sensible, bluff, pero te noto 'no muy simpático' últimamente.
Mi "amol". Ay mi "amol". Ni se pasa por la cabeza hacerle pupita a tu susceptibilidad. Seguro que eso que te ocurre es porque la gente no te comprende. No nos comprende.
Y se van a tener que joder porque la razón está de nuestra parte.
O sea que ya sabes, corazón, a ¡disfrutar de la vida! y a pasar a fondo de los aguafiestas. Bluff.
¿Se te ha olvidado que hace ya meses no explicamos mutuamente tal asunto, mi bien, mi cielo? Así, pues, te provocaba para que respondieras a la petición del propio bluff de que te lo explicara (ver más arriba) e ironizaba de paso con su inócua manía de utilizar metáforas de origen científico mal traídas.
sí, amor, recuerdo aquella conversación sobre doppler. no estaba segura de que tú la recordaras. beso
Se verifica que por las mañanas, una vez que le meto al cacharro un par de comentarios, ya no me deja leer a mis visitantes. Sé que han entrado al blog, pero no puedo leer lo que me dicen. Disculpas.
Y ahora la pregunta que procede
Me gustaría saber ¿en que se basa mi amigo Lansky para aseverar que apliqué mal el titulo "Efecto Doppler" a la pequeña historia que se me ocurrió ayer por la tarde?. Joder... si ni yo mismo sé muy bien porque le llamé así al cuento me extraña que alguien albergue razones para creer que mi elección es impropia o inadecuada. En resumidas cuentas: que no es un título consciente sino inconsciente. Y, por eso mismo, me parece que puede llevar dentro gato encerrado.
¿Lo soltamos?. Vale. Me encantaría que me dijeséis que motivos os parece adivinar dentro de mi historia para llevar ese título. Yo no los sé. Quizás los intuya. Bluff.
De acuerdo, eres muy tuyo, y yo muy mío, para titular como quieras tus escritos y que guarden entre sí la coherencia que sea, pero me aludías para (volver) a explicar el Doppler a quien no lo necesita. Simplemente
Creo que el título hace alusión a cierta falta de emparejamiento en los "tempos" de ciertas cosas
Ergo....
no estaría tan mal puesto.
Cosa distinta, Lansky, es que los pseudocientíficos te toquen, te toquemos, un poco los cojones. Y ahí sí que tengo que darte la razón. Porque la tienes.
Un abrazo.
está cogido con alfileres, en mi opinión. nada de ergo, en mi opinión. eso era lansky siendo amable, creo. lo que también es verdad, bluff, es que le puedes poner el título que te salga de los huevos a tus posts (sólo faltaría), y nosostros podemos ponernos tontos y pedantes, y porculearte un rato.
besoss
No soy científico, todo lo que sé del efecto Doppler lo aprendí en el bachillerato y lo recuerdo vagamente. Algo así como la deformación con que nos llegan las ondas (luz, sonido) desde un emisor cuando este se aleja o se acerca de nosotros. Creo recordar, imagino que simplificando, que a la longitud de onda, por así decir, "original", se sumaba o se restaba, en nuestra percepción, el alargamiento ( o acortamiento) provocado por la velocidad del emisor "hacia" nosotros (si se nos acercaba: acortamiento) o "desde" nosotros (si se nos acercaba: alargamiento). Recuerdo vívidamente, en cambio, el ejemplo con que me lo explicaron: cuando pasa un coche de bomberos o una ambulancia, la nota que oímos dar a la sirena cuando se nos está acercando es más alta que la que oímos cuando se está alejando. Si no me hubieran puesto este ejemplo comprobable nunca hubiera me creído que me estaban hablando de un fenómeno real, y no de una especulación más de físicos teóricos; pero como me lo pusieron y lo comprobé no tuve más remedio que creérmelo, y probablemente por eso me acuerdo.
¿A cuento de qué le has puesto ese título a tu post? Solo se me ocurre eso, que aludas a la deformación con que te llegan las imágenes oníricas de tu padre, por culpa de lo deprisa que pasa el tiempo y lo que, en consecuencia, se te van alejando esas imágenes. Algo traído por los pelos sí que parece, querido Bluff, pero con buena voluntad se puede encontrar una explicación para casi todo.
¿Y que es lo que deseo de todos vosotros, sino precisamente eso: buena voluntad?.
Julian
Escribe un comentario